En este contexto de adaptación exprés, las videollamadas se han convertido en nuestro día a día. Herramientas como Zoom han pasado a liderar el día a día laboral, acompañadas de clásicos como Skype o Google Hangouts.
Pero más allá de la tecnología visible, lo que realmente ha hecho "clic" es nuestra forma de entender el trabajo. Nos hemos dado cuenta de que, para que una empresa siga rodando a distancia, no basta con verse las caras en una pantalla. Hace falta que los engranajes tecnológicos acompañen: datos en la nube, sistemas ERP accesibles desde cualquier dispositivo y una verdadera filosofía de "gestión sin distancias".
¿Es el fin de la oficina tradicional?
Las oficinas no desaparecerán, pero todo apunta a que tendrán un papel muy distinto. Ya no las vemos como ese lugar al que hay que acudir cada día por obligación, sino más bien como espacios de encuentro, de colaboración y de hacer equipo.
Este cambio ya es evidente y el modelo híbrido se está imponiendo. Empresas como Twitter han sido pioneras apostando por el trabajo remoto incluso a largo plazo, anticipando una tendencia que el resto del tejido empresarial deberá abrazar en mayor o menor medida a futuro.
Además, esta flexibilidad está empezando a transformar también el mapa empresarial y vital. Al no depender tanto de una ubicación física inamovible, muchas compañías y trabajadores se están planteando moverse a zonas más baratas o tranquilas.
El 2020 nos ha enseñado a la fuerza una lección que ha venido para quedarse: el trabajo ya no es un sitio al que vas, es algo que haces.

